Una historia sobre la amistad

Historia sobre la amistad

Hola de nuevo amiguita y amiguito, en esta ocasión estoy feliz de compartirte una historia que leí en un libro que mi madre me regaló cuando yo era un niño como tu. Es una historia que resalta la amistad. 

En casi todas las escuelas, todos los días muchos niños y niñas sufren violencia escolar. Si en alguna ocasión tu observas que alguien se aprovecha de algún compañero o amigo, te invito a no ser parte de la violencia, sino de la solución, puedes convertirte en un gran amigo cuando comunicas el acoso escolar a tus maestras o maestros. 

En esta historia, veremos como dos compañeros se vuelven amigos mientras luchan contra la violencia escolar. ¡Disfruta la historia! 

El defensor

Se acercaba el primer día de clases para Rolando. Estaba contento de haber pasado de año, pero no solamente eso, sino que ahora estaba en otro nivel: entraría a la secundaria. Se sentía grande. No estaría más en la primaria donde había pasado seis argos años. Ahí había hecho muchos amigos y confiaba que en la nueva escuela lograría tener muchos más.

Esa mañana de inicio de clases, se levantó temprano, estaba emocionado. Se arregló, ordenó su habitación y se dirigió a la cocina, donde su mamá preparaba el desayuno.

- Rolando te estoy preparando una rica torta, así como te gusta. Llévatela para el receso. ¿te parece bien?

- ¡Qué  bueno, mamá! me gusta mucho las tortas que preparas, gracias por pensar en eso.

Cuando Rolando y sus papás terminaron de desayunar, subieron al automóvil para ir a la escuela. Al llegar, notaron que había mucho movimiento en la calle, por tanto vehículos que llevaban a los estudiantes a clases.

En el grupo que le había tocado a Rolando tenía compañeros de todos tamaños, pero curiosamente, él era el más pequeño de estatura. Otros eran tan altos como algunos maestros. 

Transcurrieron las horas rápidamente y, a la hora del recreo, todos salieron al patio. Rolando buscó un lugar en donde sentarse y disfrutar su desayuno; abrió la bolsa y sacó su sabrosa torta. Se le hacía agua la boca, la saboreaba aun antes de probarla. Estaba por darle la primera mordida, cuando se acercó uno de sus compañeros, Julio, de los más grandes y fuertes; su apariencia impresionaba a cualquiera.

-¡Dame tu tora, yo me lo voy a comer! -ordenó Julio, muy desafiante.
- ¡No! Es mía, no te lo voy a dar -respondió Rolando, tratando de proteger su torta.
- ¡Claro que me la vas a dar! -añadió Julio, muy enojado. Arrebató la torta a Rolando y corrió lejos de allí.

¿Qué podía hacer Rolando? Julio era mucho más grande que él, así que no podría quitarle la torta por más que luchara. Se puso a llorar. Pero alguien había observado desde lejos. Era otro compañero de clases, que se llamaba Andrés. También era grande como Julio. Se acercó a Rolando y le preguntó:

-¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
Rolando trataba de disimular  que había llorado.
-No, lo que pasa es que me quitaron mi torta.
-¿Quién fue? quiso confirmar Andrés.
Rolando señaló a Julio.
-Allá está el que me la quitó. Fue Julio.
-No te preocupes, ahora te voy a traer tu torta -añadió Andrés, colocando una mano sobre el hombro de Rolando.

Se dirigió adonde se encontraba Julio, que estaba por empezar a comerse la torta robada. Le reclamó:
-Dame esa torta, no es tuya.
-No te la voy a dar -desafió Julio.
-Mejor dámela por las buenas. Tu te aprovechas de un compañero más chico que tú -advirtió Andrés sin miedo de enfrentarse a Julio.
-Pues no te la voy a dar, yo me la voy a comer -replicó Julio, muy seguro de sí mismo. 
Andrés tomó con fuerza a su rival por los hombros y casi le gritó:
-¡claro que no! Dámela y punto. No te debes aprovechar de los más pequeños.

Acto seguido, arrebató determinadamente la torta a Julio, que se quedó parado sin saber cómo actuar. Andrés volvió adonde estaba Rolando. Miró a los ojos a su nuevo amigo:
-La próxima vez que Julio te quiera hacer daño, me avisas. A él le gusta aprovecharse de los más pequeños, pero eso no está bien. 
     
Rolando se puso muy contento y agradecido, respondió:
-¡Gracias, Andrés! si no me hubieras ayudado, me habría quedado sin comer.
-No te preocupes. Espero que no se te vuelva a acercar Julio, pero si te molesta, ya saber, me hablas.

Rolando y Andrés llegaron a ser los mejores amigos. Llamaban mucho la atención al estar juntos: el más pequeño del grupo con uno de los más grandes. Rolando se sentía seguro en la escuela, sabía que tenía un amigo con quien podía contar para que lo defendiera de los otros compañeros. 
  
Noemi Gil Gálvez

Comentarios